El orgullo de la persiana alta: ¿por qué Córdoba debe confiar en los que invierten?
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El orgullo de la persiana alta: ¿por qué Córdoba debe confiar en los que invierten?

Carlos Vicente Giraudo
9 de septiembre de 2026
4 min lectura

Cerrá los ojos un segundo e imaginate esta escena. Después de años de esfuerzo, de privarte de vacaciones y de juntar peso por peso, por fin tenés las llaves de tu propio local. Entrás, sentís el olor a pintura fresca, ves las máquinas instaladas —quizás para esa fábrica de pastas con la que soñaste toda la vida, o para ese comercio que va a cambiar el futuro de tu familia—. En ese momento, sentís el orgullo inmenso de saber que sos un empresario, alguien que arriesga su capital para generar valor y dar trabajo en su ciudad.

Pero esa ilusión, que debería ser el motor de Córdoba, choca a las pocas horas contra un muro de hielo: la burocracia. Hiciste todo bien. Alquilaste, acondicionaste, contrataste los servicios. Estás listo para producir, pero el Estado te dice: "No podés abrir". Tu sueño queda atrapado en un laberinto de expedientes inconexos. Te enfrentás a la eterna espera del certificado de Bomberos, un trámite que te deja como rehén en un cruce de jurisdicciones entre la Provincia y la Municipalidad, donde los papeles van y vienen mientras tu local acumula polvo.

Mientras el expediente duerme en un escritorio, tu reloj financiero no se detiene. Pasa el primer mes y llega la factura de EPEC, la de Aguas Cordobesas, los impuestos y el implacable cobro del alquiler. No pudiste vender un solo producto, no ingresó un solo peso a la caja, pero ya estás endeudado.

El sistema te asfixia; te consume los ahorros que eran para comprar mercadería y te funde antes de que puedas demostrar lo que valés. Esta angustia que vivís no es un caso aislado, es un daño estructural que desangra nuestra economía y apaga el potencial de la ciudad. Los números de esta tragedia silenciosa son contundentes: de acuerdo a los relevamientos históricos de la Cámara de Comercio de Córdoba (CCC), la traba de las habilitaciones empuja a que cerca del 40% de los locales operen en la sombra o con algún grado de irregularidad administrativa. Y no es por falta de honestidad.

Es porque se enfrentan a demoras que, en muchos rubros, superan los 6 u 8 meses. ¿Qué emprendedor puede sostener un alquiler y a su familia durante más de medio año sin facturar un solo peso? Nadie elige la informalidad por capricho; se cae en ella por pura desesperación, como único salvavidas ante un Estado que funciona como un ancla.

Es urgente y vital cambiar este paradigma. Necesitamos un Estado que te mire a los ojos, te respete como generador de riqueza y te diga: "Confiamos en vos. Primero abrí, después te controlamos". Nuestra propuesta es que el trámite para el que quiere trabajar se reduzca a una simple comunicación. Sabiendo de antemano el checklist de exigencias de seguridad, el comerciante presenta su Declaración Jurada, la respalda con un Seguro de Caución como garantía de su responsabilidad, y simplemente le avisa a la Municipalidad y a Bomberos: "Mañana abro mis puertas".

Al día siguiente, levantás la persiana. Y acá ocurre la verdadera magia de la economía: tu comercio empieza a generar ingresos genuinos desde el día uno. Esa primera semana de ventas es la que te permite pagar el alquiler con el fruto de tu propio esfuerzo y no quemando tus ahorros. El capital fluye, contratás empleados, le comprás a los proveedores y la rueda de Córdoba gira con fuerza.

Esto también transforma para bien al Estado. Al permitir la apertura inmediata, el municipio ensancha su base tributaria y recauda la Tasa de Comercio e Industria al instante. Además, jerarquiza a sus propios trabajadores: el empleado municipal deja de estar saturado detrás de un mostrador sellando expedientes de negocios cerrados, para salir a la calle como un auditor profesional, valorizado y cuidando la economía real que ya está en funcionamiento.

En un plazo prudencial, el inspector llega a tu local funcionando. Si cumpliste tu palabra, la habilitación queda firme. Si alguien hace trampa y pone en riesgo a los vecinos, el Estado ejecuta la caución y clausura.

Es hora de devolverle la dignidad y la épica al que invierte. Córdoba tiene la sangre emprendedora para ser el faro económico del país. Solo necesitamos la valentía de romper los candados de la burocracia y empezar a confiar en los que empujan la ciudad hacia adelante.

** Carlos Vicente Giraudo Proyecto LOCOS “Por una Córdoba Simple”**

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